El Movimiento Cristiano Liberación, de Cuba nos recuerda.
José Cruz Piña cosió su boca con alambres porque le impedían ver a su madre enferma en estado terminal. Jesús Mustafá Felipe fue acusado a 18 meses en un juicio sin garantías y luego, sin explicar por qué, le endilgaron 25 años, todavía no sabe por qué le aumentaron la condena. Víctor Rolando Arroyo está bastante mal de salud por las condiciones de la celda donde se encuentra y la poca atención que recibe, así estará todavía más de 20 años por atreverse a crear una biblioteca y una agencia de prensa independientes. Y la lista sigue: Miguel Angel López Herrera, Elvis Pérez González, Yordis Fuentes Pérez, Miguel Angel Paneque González, Santiago Cutiño Aguilera, Luis Mariano Delís Utria, Ernesto Lucas Corral Cabrera, Andelay Guerra Blanco, Ísael Poveda Silva, Yordis García Fournier, todos ellos prisioneros políticos y así hasta más de doscientos.
Todos estuvieron o están en Guantánamo, pero no el de Bush, el que escandalizó al mundo con fotos, luz y taquígrafos como nunca antes en la historia se han denunciado abusos. No es de ese Guantánamo que hablamos, el que tiene testigos y víctimas que gozan de proyección internacional en la prensa del mundo cuando cuentan su experiencia. No, ellos están en el otro Guantánamo, la prisión Provincial de Castro –muy cerca de la otra prisión, la que conocen la progresía mundial– donde las víctimas no tienen, a los ojos del mundo progresista, la misma categoría moral de los vestidos de naranja del otro Guantánamo. Estos no han puesto bombas ni se han proclamado en guerra contra Estados Unidos, no tienen la categoría mundial de terroristas, sólo el gobierno cubano les llama así por haber cometido el delito de disentir, decir algo que piensan que puede mejorar la vida de los cubanos pero que el gobierno no aprueba.
Estos doscientos no tiene actores que representen su calvario, ni Boteros que retraten sus manos esclavizadas, ningún teatro representará sus torturas, ni hay políticos que se avergüencen de su suerte. Son simplemente: Los otros.



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