viernes, 9 de enero de 2009

¿Muere el capitalismo? Hagan sus apuestas

por Carlos Salas para El Mundo
Un fantasma está recorriendo las librerías alemanas. Los gruesos volúmenes de Karl Marx están siendo vendidos como salchi­chas ya que los ciudadanos quieren res­puestas urgentes a la crisis del capitalismo. “Marx está de moda otra vez”, confesaba Jörn Schütrumpf al diario británico The Guardian. Su empresa editorial Karl-Dietz está encantada porque ven un incremento desmesurado en la demanda de los libros de Marx y Engels. “Y esperamos que siga su­biendo de aquí a fin de año”.

Pero junto a los textos escritos por el vie­jo pensador de Tréveris, se está vendiendo otro Das Kapital (Editorial Pattloch). También de­nuncia los excesos del capitalis­mo y quien lo expresa es nada menos que el provocador arzo­bispo de Munich, que en una en­trevista a la revista Der Spiegel decía: “La especulación salvaje es pecado”.

Y para colmo se llama Marx, Reinhard Marx. Tiene 55 años y afirma que en estos tiempos de crisis financieras “hay que tomar en serio” al fundador del comu­nismo porque “el movimiento marxista tiene causas reales y plantea cuestiones justificadas” (www.spiegel.de).

Apelando a la doctrina social de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI no quiere perder esta opor­tunidad y ya está terminando de redactar una encíclica que va a poner de vuelta y media al capi­talismo y a la globalización. An­tes de fin de año seguro que hay noticias.

Como los alemanes se toman las cosas muy a pecho, la prensa ha acudido a sus filósofos para que les inun­den de consejos en estos tiempos de zozo­bra financiera. En Die Zeit, el célebre pensa­dor marxista Jürgen Habermas ha encon­trado las causas de todo este embrollo en “la caída de la Unión Soviética” pues “pro­dujo en Occidente un fatal triunfalismo. El sentimiento de que la Historia del mundo se estaba enderezando ejerció un efecto muy tentador” (http://www.zeit.de/2008/46/Habermas).

Y no podía faltar Hans Magnus Enzensberger, escritor y pensador marxista, quien califica El Capital hoy día como “un libro in­teligente, poderoso en su análisis”.

El diario británico The Guardian abrió un foro donde preguntaba a sus lectores si ha­bían leído El Capital. Casi la mitad de ellos confesó que sí. Les apunto que ese libro se compone de varios tomos, cada uno de ellos con más de 400 páginas, (pueden leerlo en http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital.htm).

Como ya saben, Carlos Marx denunciaba que el dinero era el gran tirano, y que los ca­pitalistas comerciaban con el trabajo como si fuera una mercancía: de ahí obtenían sus plusvalías para multiplicar el dinero. Todo esto creaba un círculo que cuando se parali­zaba, producía desempleo, pobreza y penu­rias. Al final, esta masa de desesperados, se organizaría y derrumbaría al capitalismo para eliminar la propiedad privada y ese modo de producción.

Y ahora, abramos el debate: testamos ante el fin del capitalismo? Lo peor del ca­pitalismo es el nombre: suena fatal. Al me­nos en Europa. La imagen del capitalista que aparece en las tiras cómicas siempre es la de un señor gordo en frac, con puro y chistera.

Hasta donde me llegan las luces, es un sistema económico basado en el respeto a la propiedad privada, en el derecho a crear empresas, y en unas reglas del juego donde se compran y se venden productos en liber­tad. ¿Alguno de ustedes renuncia a su ca­sa? ¿Alguno de ustedes se niega a comprar en Zara por ser una empresa que busca plusvalías? ¿Le gustaría que todos los pro­ductos tuvieran precios fijos y que el Esta­do ordenara qué se compra y cuánto? Si usted es de esos y vive en España, se ha equivocado de país.

Sigamos. El principal escollo del capita­lismo es que compra y vende todo, absoluta­mente todo. Y de la forma más rabiosa que se pueden imaginar. Si uno entra en eBay puede contemplar que la gente vende cáma­ras o teleféricos, pero también una chica pu­so su virginidad en subasta. En un diario ru­mano, un señor cambiaba a su mujer por un coche, y salvo entregar el alma al diablo, se puede seguir rascando hasta ver que se co­mercia con las cosas más inverosímiles co­mo las hipotecas basura, los bonos de alto riesgo y hasta el tiempo meteorológico.

Lo que todos criticamos es eso, los exce­sos del capitalismo. Suena mejor decir que uno es partidario de la economía de libre mercado, y defender el fair play como quien defiende un buen partido de fútbol. Pero a nadie le gusta que le llamen capitalista, por­que le están poniendo del lado de los que abusan del sistema.

Ahora bien, hay que reconocer que esta crisis ha producido situaciones que son para troncharse de risa. Hace unos meses, medio mundo criticaba a Hugo Chávez por na­cionalizar algunos bancos y em­presas. Y luego, los neoliberales anglosajones aceptaban que sus gobiernos nacionalizasen ban­cos, que encima, estaban desca­labrados por su codicia.

Los socialdemócratas se sien­ten triunfantes y no dejan de te­ner razón. Se están frotando las manos porque han visto que sus enemigos neoliberales ahora de­fienden el Estado, la regulación y la vigilancia. Y eso es precisa­mente lo que ha hecho el G-20 en Washington, emitiendo un mani­fiesto que se puede resumir en tres palabras: “Controlemos, vi­gilemos, regulemos”. Y hasta han sacado del baúl de los recuerdos a Lord Keynes, cuyo concepto del capitalismo era pre­cisamente ése: el Estado debe re­gular la economía. Para Die Zeit, Keynes después de muerto se ha convertido en “el salvador del capitalismo”.

¿Va a perdurar el capitalismo? “Lo más sorprendente del capitalismo es que siempre sigue ahí”, respondía Die Zeit. El ensayista Enzesberger añadía en Der Spiegel: “El capitalismo puede con todo: con la democracia, con la dictadura, con el fascismo e incluso con el partido chino que se autodenomina comunista”.

¿El mejor análisis? Un chiste de The Economist. El dibujante mostraba a un grupo de personas en una tienda, comprando camise­tas que llevaban grabadas estas palabras: “¡Muera el capital!”. Y se veía al feliz dueño de la tienda diciendo a alguien por teléfono: “Chico, he encontrado otro negocio estupendo”.

Tomado de: Mercados. El Mundo/año XX/ No 55/Domingo 30 de noviembre de 2008.

No hay comentarios:

Publicar un comentario