miércoles, 22 de abril de 2009

Un ser humano fantástico II

Eduard Punset dijo una vez en su programa Redes, en el capítulo titulado: “El fracaso de los superdotados”:

“No me digan que no es extraño, paradójico, que para identificar a un niño superdotado (…) tengamos que esperar a que tengan malas notas en el colegio. Yo creo que no hay una prueba mayor de que nos estamos equivocando…”

Para dejarlo claro de una vez, un niño con altas capacidades no tiene por qué ser un gafillas con un bombillito encendido en la cabeza y que deslumbra a todos con su capacidad sobrenatural. Es absurdo que alguien pretenda que un niño que nunca haya visto a nadie tocar el violín pueda hacerlo a su vez, o que hable idiomas si no lo ha escuchado nunca. José Raúl Capablanca aprendió las reglas del ajedrez a los 4 años luego de ver a su padre y los amigos jugando, es decir, por imitación, no por generación espontánea de su cerebro.

Según Francisco Gaita Homar, psicólogo especialista y socio de honor de la Asociación Valenciana para la Ayuda al Superdotado y Talentoso (AVAST) un niño de altas capacidades es un niño normal, ni con antenitas para captar el entorno ni con una lupa para descubrir el mundo. Son niños que juegan al fútbol, que lloran por una muñeca que no encuentran o ser exigentes tiranos con sus padres. Necesitan estudiar como cualquier otro niño, la diferencia es que aprenden más rápido, sin intervención excesiva de los mayores y con mínimo esfuerzo por su parte para aprender lo que los niños de su edad aún no son capaces de asimilar.

Alguien debería sorprenderse porque un niño sume o reste con tres años cuando los de su edad no han aprendido los números o se los saben únicamente del 1 al 9, no hasta el 100. Alguien debería sorprenderse cuando un niño de tres años lee frases pequeñas cuando los de su edad conocen sólo las vocales o han pasado apenas de la F en el alfabeto. Alguien debería sorprenderse si un niño de tres años es capaz de solucionar puzles de lógica de seis cuando los de su edad apenas resuelven figuras simples para aprender los colores.

Lo interesante del caso es que los padres de un niño con estas aptitudes u otras parecidas no las ven como algo extraño. Piensan que es parte lógica del desarrollo del menor porque no tienen referencias, a menos que sea un especialista en el tema. Sin embargo todo es normal hasta que contrasta con lo que debería ser el canon de aprendizaje de los demás niños de su entorno. Entonces empieza el período de dudas que conlleva un largo peregrinaje intentando buscar el sitio donde informarse o, cuando menos, bibliografía al respecto, si es que los padres quieren saber un poco más y no dejar al libre albedrío la educación de un niño que aprende más rápido y mejor. Los que no lo han vivido no lo saben y ven a estos padres como entes que tienen miradas “hiperadmirativas” mezcladas con “histeria” sobre sus hijos. Por suerte existen profesionales serios que nos quitan todas las dudas.

Alicia Rodríguez Díaz-Concha
, presidente de la Asociación Española para Superdotados y Con Talento (AEST) expone algunos de los signos que deben tener en cuenta a la hora de identificar a un niño con altas capacidades: nacen con los ojos abiertos, no gatean, escriben con mayúsculas, son extremadamente sensibles, aprenden con la mínima instrucción…

Agustín regadera López
y José Luis Sánchez Carrillo han estudiado a conciencia este tema de los niños de altas capacidades y dan unas pautas a los padres para que sean capaces de identificarlos a través de la simple observación:

Expresan con claridad las primeras palabras a los 6 meses (debería ser al año) o la primera frase al año (cuando debería ser a los 2), mantienen una conversación con 2 años (lo normal es un año más tarde), preguntan por palabras o cuestiones entre los 2 y 3 años (no se hace evidente antes de los 3 y los 4), cuentan hasta diez o aprenden el abecedario a los 3 años (debería ser a los 4), conocen los colores básicos con 2 años (lo normal es a los 3 o 4 años), suman o restan cifras hasta diez con 3 años (debería ser a los 5 o 6 años), leen frases cortas a los 3 (lo normal es a los 4 o 5 años).

La doctora Yolanda Benito, psicóloga que lleva muchos años estudiando niños de alta capacidad, va más allá. Esta especialista establece unas escalas –que tienen los parámetros antes expuestos– mediante las que se puede observar e identificar a un niño de altas capacidades:

Presencia de, al menos, una de las siguientes variables:
-Lectura de un libro a los 4 años.
-Identificación de, al menos, 6 colores a los 18 meses.
-Realización de un puzzle de, al menos 20 piezas a los 2,5 años.

O también de esta forma:
Presencia conjunta de las dos variables siguientes:
-Contar hasta diez a los 2,5 años.
-Abecedario (al menos 18 letras) a los 2,5 años.

Considera, además, que si se presentan estos parámetros en un niño, es necesario prestarle atención especializada. Me resulta interesante, pero de todos estos signos, mi hijo los cumple todos excepto leer un libro; veremos qué cuando cumpla los 4 años.

Si alguien no tiene tiempo ni deseo para leerse algunos de los libros que expongo al final de este artículo, por lo menos que acceda a ver el documental Al este de la campana de Gauss, donde están muy bien esbozados las características incuestionables de un niño de alta capacidad y los problemas a los que se enfrentan los padres en una situación como ésta. Lo siento por aquellos a los que pueda molestar –porque obviamente hay de todo en esta vida– pero como padre, me veo reflejado en él.

Estos síntomas o ítems deberían conocerlos los que han estudiado para ello, no unos padres preocupados porque no se desperdicien las capacidades (si es que las tiene) de su hijo. Por desgracia, la mayoría de los profesores o psicólogos vinculados al sistema educacional español aseguran que nunca han visto pasar por sus aulas a un niño con altas capacidades cuando las estadísticas que recoge el propio Ministerio de Educación es que al menos deberían haber pasado veinte o treinta de estos niños durante su vida profesional (cerca de 3 000 superdotados reconocidos de 300 000 potenciales, o sea, más del 90 por ciento sin identificar). Dos de cada cien personas son superdotados y no lo saben, según la AEST.

"En más de un 95% de los casos son los padres quienes detectan la superdotación de un niño", explica, Alicia Rodríguez Díaz-Concha. No es tan difícil de entender. La mayoría de estos profesionales creen que un niño de estas características debería ser un genio en todo y destacar como nadie en el aula, cuando la realidad dice que la mayoría de ellos tienen dos actitudes típicas: esconder lo que saben para mimetizarse con el resto o dejar de prestar atención a las clases quedando como niños retrasados y poco preparados.

Lo triste de esto no es sólo que los profesionales que deberían identificarlos no tienen herramientas ni preparación para ello, sino que en muchos casos hacen informes desfavorables sobre el menor sin tomarse el trabajo de analizar las consecuencias que pueden acarrear con su apatía profesional.

Es importante que esto se entienda de una vez para que los profesionales de la educación tomen las medidas adecuadas en función del hecho concreto y no sobre la base de un desconocimiento: primero de la inteligencia como capacidad humana, segundo: de las capacidades de un niño según su edad, y tercero: de los mecanismos que ofrece la profesión que estudiaron para ejercer su trabajo. Si no saben hacerlo o no quieren ampliar sus conocimientos en lo que se supone que es su trabajo, que busquen otro. Siempre se necesita mano de obra bruta en otros empleos.

Fuentes:
-Asociación Española para Superdotados y con Talento (
http://www.aest.es/)
-Benito, Yolanda.
El límite superior, ediciones pirámide, Madrid, 1990.
-Mora, Luis y Cañadas, Adolpho.
Superdotados. Al este de la campana de Gauss. Zarabanda Films, S.L. Madrid, 2006.
-Regadera López, Agustín y Sánchez Carrillo, José Luis.
Identificación y tratamiento de los alumnos con altas capacidades adaptaciones curriculares: Primaria y ESO. Editorial Brief, Valencia, 2002.

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