En cualquiera de los libros medianamente serios sobre psicología o incluso de autoayuda, una de las premisas básicas que nunca falta a la hora de diagnosticar un problema en nosotros, es la capacidad de reconocerlo para poder darle la solución adecuada.
Parece una verdad de perogrullo, pero es inaudito la cantidad de personas que se sienten mal y no saben por qué, o saben por qué, pero no identifican y aíslan claramente el problema. Básicamente existe la idea de culpar al otro: “es el mundo que no me comprende, es la gente que es injusta y mala, mi pareja que no me ayuda, el profesor que me suspendió porque me la tiene jurada”.
Es el caso –creo que ficticio, pero muy socorrido para explicar el tema– del marido que descubre a su mujer en el sofá poniéndole los cuernos con otro. La medida drástica que tomó fue tirar el sofá.
Al gobierno español le está pasando algo parecido. El paro ha crecido a instancias estratosféricas, la crisis se va ahondando y las medidas que toma el estado van encaminadas a no perder las elecciones, más que a solucionar las causas de la crisis, o cuando menos a ayudar a salir antes de ella.
Sin embargo, sí está haciendo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero algo ingenioso, aunque malévolo. Desviar el ojo de la cámara hacia otros, es decir, tirar el sofá.
El anuncio del gobierno de la disposición de vender la píldora postcoital en las farmacias sin receta médica, es una de estas medidas hacia afuera. Es probablemente una buena medida, el mal uso que se pueda hacer de ella no es óbice suficiente para impedir su uso. También se decía en la Edad Media que la libertad no podía estar al alcance del populacho, y ya vemos el resultado actual. Sin embargo la forma de anunciarla está genialmente planificada para desactivar al contrario. El gobierno sabe que es una medida que soliviantará a los obispos y a las asociaciones conservadoras, lo que es esencial para presentarlos como si fueran el propio Partido Popular. Es importante porque de esa forma, en vísperas de las elecciones europeas, moviliza a los sectores más progresistas contra la socialdemocracia.
De la misma manera ahora culpan al gobierno anterior –José María Aznar lleva sin gobernar los mismos 6 años que Zapatero gobernando– del origen de la crisis. Las medidas tomadas por el gobierno anterior, dicen, la derecha recalcitrante y sus injustas políticas neoliberales, han provocado este capitalismo cruel y salvaje que nos ha llevado a la situación actual.
Con éste “la culpa es del otro” olvidan dos cosas importantes. Primero que la democracia española tiene más de 30 años, de los cuáles el partido popular ha gobernado sólo 8. ¿Es creíble que en 8 años de gobiernos diferentes a los propios se hayan implantado las bases de la crisis actual? Y mucho más importante. ¿No ha caído en cuenta el partido socialista que si culpa al gobierno anterior de la implantación de las bases de la crisis, también lo debe culpar de los logros económicos de los que antes él mismo presumía desde el gobierno?
El socialismo ha caído en la tramposa espiral de su propia retórica. Llevan tantos años manipulando las conciencias para culpar al otro que a veces descuidan estos detalles que los descubren. Pero no cambian ni parecen que vayan a cambiar. Desde Stalin, que culpaba a Occidente, hasta Fidel Castro o Hugo Chávez, patológicamente obsesionados con Estados Unidos, y culminando en el socialismo español, que tiene a un Aznar cada vez que lo desea, todos usan los mismos argumentos, las mismas fullerías para manipular al otro. Sólo ha cambiado el campo de juego.
Parece una verdad de perogrullo, pero es inaudito la cantidad de personas que se sienten mal y no saben por qué, o saben por qué, pero no identifican y aíslan claramente el problema. Básicamente existe la idea de culpar al otro: “es el mundo que no me comprende, es la gente que es injusta y mala, mi pareja que no me ayuda, el profesor que me suspendió porque me la tiene jurada”.
Es el caso –creo que ficticio, pero muy socorrido para explicar el tema– del marido que descubre a su mujer en el sofá poniéndole los cuernos con otro. La medida drástica que tomó fue tirar el sofá.
Al gobierno español le está pasando algo parecido. El paro ha crecido a instancias estratosféricas, la crisis se va ahondando y las medidas que toma el estado van encaminadas a no perder las elecciones, más que a solucionar las causas de la crisis, o cuando menos a ayudar a salir antes de ella.
Sin embargo, sí está haciendo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero algo ingenioso, aunque malévolo. Desviar el ojo de la cámara hacia otros, es decir, tirar el sofá.
El anuncio del gobierno de la disposición de vender la píldora postcoital en las farmacias sin receta médica, es una de estas medidas hacia afuera. Es probablemente una buena medida, el mal uso que se pueda hacer de ella no es óbice suficiente para impedir su uso. También se decía en la Edad Media que la libertad no podía estar al alcance del populacho, y ya vemos el resultado actual. Sin embargo la forma de anunciarla está genialmente planificada para desactivar al contrario. El gobierno sabe que es una medida que soliviantará a los obispos y a las asociaciones conservadoras, lo que es esencial para presentarlos como si fueran el propio Partido Popular. Es importante porque de esa forma, en vísperas de las elecciones europeas, moviliza a los sectores más progresistas contra la socialdemocracia.
De la misma manera ahora culpan al gobierno anterior –José María Aznar lleva sin gobernar los mismos 6 años que Zapatero gobernando– del origen de la crisis. Las medidas tomadas por el gobierno anterior, dicen, la derecha recalcitrante y sus injustas políticas neoliberales, han provocado este capitalismo cruel y salvaje que nos ha llevado a la situación actual.
Con éste “la culpa es del otro” olvidan dos cosas importantes. Primero que la democracia española tiene más de 30 años, de los cuáles el partido popular ha gobernado sólo 8. ¿Es creíble que en 8 años de gobiernos diferentes a los propios se hayan implantado las bases de la crisis actual? Y mucho más importante. ¿No ha caído en cuenta el partido socialista que si culpa al gobierno anterior de la implantación de las bases de la crisis, también lo debe culpar de los logros económicos de los que antes él mismo presumía desde el gobierno?
El socialismo ha caído en la tramposa espiral de su propia retórica. Llevan tantos años manipulando las conciencias para culpar al otro que a veces descuidan estos detalles que los descubren. Pero no cambian ni parecen que vayan a cambiar. Desde Stalin, que culpaba a Occidente, hasta Fidel Castro o Hugo Chávez, patológicamente obsesionados con Estados Unidos, y culminando en el socialismo español, que tiene a un Aznar cada vez que lo desea, todos usan los mismos argumentos, las mismas fullerías para manipular al otro. Sólo ha cambiado el campo de juego.



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