El revuelo provocado por el anuncio del concierto que tiene previsto ofrecer el cantante Juanes en La Habana demuestra que los cubanos aún tenemos mucho por hacer en el camino hacia la tolerancia y los valores de la democracia.Indudablemente el concierto tiene carácter político, sin la menor de las dudas este paso iguala al exilio condenado y sufrido con una dictadura intransigente y totalitaria en el poder, y casi todos saben que la influencia en Cuba del “amor sin fronteras” que quiere llevar Juanes al mundo con su música será la que expresa Jorge Ferrer en su artículo El amor de Juanes: la misma que comerse un tamalito, ninguna.
Pero todo esto no puede hacernos olvidar algo importante: Juanes es un cantante; malo, bueno, peor, mejor, regular, venido a menos o que ha ganado con los años, da igual. Es un cantante y hace con su música lo que cree que es conveniente y mejor para los objetivos que busca, además de triunfar con ella.
Juanes, al menos algunos lo creemos, actúa de buena fe. El cantante no pretende, como se ha dicho maliciosamente en algunos foros, soliviantar a la comunidad cubana del exilio. Al colombiano lo mueve una teoría muy de izquierdas y muy equivocada que cree que el diálogo de sordos entre dos partes enfrentadas puede llevar la solución a un conflicto.
Probablemente se está equivocando con este concierto. Seguro se está equivocando. No puede haber paz entre dos partes si una no quiere. No puede haber paz entre cubanos si la dictadura mantiene su mano de hierro sobre cubanos de adentro y de afuera.
La paz no es un concepto etéreo y sin significación política. Buscar la paz tiene consecuencias materiales para quien la busca y para los que están implicados en ella, aun más en una dictadura que ha hecho de la paz, los derechos humanos y la lucha por los pobres su fuente de sostenimiento y justificación ante la opinión pública mundial.
Por eso es relevante el concierto, porque pretende alcanzar una significación política concreta que no servirá para alcanzar acuerdos de paz y concordia entre cubanos. Para alcanzar esa paz y concordia que pretende el cantante primero debería cambiar la naturaleza totalitaria del régimen de la isla, lo que ya se sabe es punto menos que imposible, al menos por ahora.
Sin embargo a la vez no deberíamos darle una importancia desmedida a su iniciativa. Si el salsero cubano Willy Chirino o la polifacética Gloria Estefan pidieran mañana cantar por la paz en Cuba probablemente el gobierno cubano no lo aceptaría, lo que demostraría la verdadera naturaleza que el gobierno de la isla le da al concierto que está preparando Juanes. Pero a nadie se le ocurriría –decimos a nadie como una teoría– acusar a Willy Chirino o Gloria Estefan de antipatriotas o vendidos a la dictadura, entre otras cosas porque sus posturas hacia la dictadura cubana son bastante claras y fuera de toda sospecha.
Toda iniciativa que pretenda ayudar a los cubanos debería ser tomada por los propios cubanos con normalidad. Sea equivocada o acertada, logre sus objetivos o no, aquello que pretenda ayudar en esta sinrazón que es estirar la cuerda de un lado y del otro, debe ser recibida al menos con escepticismo, mas no con ese rechazo de plano que sólo nos hace aparecer ante la opinión pública como intolerantes que no aprenden a vivir en democracia. Y lo digo sobre todo para los que tenemos la suerte de vivir en Londres, Madrid o Miami y podemos expresar públicamente lo que creemos.
Los cubanos tenemos aún que aprender a respetar al otro, tenga o no tenga la razón, esté equivocado o no, pero debemos quitarnos de encima estos cincuenta años de posturas enfrentadas que ha provocado el gobierno castrocomunista de la isla. Es la mejor manera de tener un futuro en paz, es paz que el concierto de Juanes pretende para la isla.



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