La polémica creada alrededor de Juanes y su concierto en Cuba recuerda una batalla majadera e innecesaria que se creó en su momento porque el niño Elián González se quedara en los Estados Unidos.No es lo mismo, pero el exilio cubano, que tiene la libertad, los argumentos y gran parte de la verdad sobre la dictadura cubana, en lugar de poner cordura en esta pelotera insensata, ha entrado al ruedo mierdero que le ha tendido el gobierno de la isla.
Cuando el niño balsero Elián González fue rescatado en las aguas de la Florida luego de que su madre muriera en el mar, los mismos que ahora gritan sinsentido porque Juanes cante en la isla, gritaban porque Elián se quedara en Miami contra toda lógica humana.
La ley internacional es clara. Si uno de los padres de un menor muere, la patria potestad es del padre que queda vivo. Esto es una verdad como un templo, inexcusable, evidente. Se pueden argumentar miles de leyes y otras verdades que rozan el sentido común, pero lo anterior es lo que prevalece sobre todo.
El exilio cubano, ajeno a toda lógica, comenzó una batalla desquiciada y, a todas luces, previamente perdida ante la opinión pública para intentar evitar lo inevitable: que el hijo regresara con su padre. Esa era la única verdad, lejos de todo interés político e ideologías enfrentadas de uno y otro lado, un hijo debe estar con su padre siempre que no haya causas agravantes que lo impidan.
El inicio de dicha cruzada le puso en bandeja de plata al dictador caribeño una oportunidad para presentarse como valedor de los derechos humanos y la legalidad internacional. Y los cubanos del exilio, en lugar de congelar un enfrentamiento que nos presentaría como retrógrados, inhumanos y neandertales, hicimos, sin pretenderlo, pero con escaso sentido común, todo lo posible por dar argumentos a la dictadura.
El concierto de Juanes no tiene la misma dimensión que la de un niño balsero. Sin embargo, la absurda polémica le ha dado una extensión universal que no tenía.
Por supuesto que el concierto por la “paz” tiene carácter político y negarlo es de necios o ignorantes. Evidente que los cubanos exiliados tenemos derecho a criticarlo como nos venga en gana porque para eso tenemos libertad y vivimos en democracia. Pero una cosa es hacer valer nuestro criterio frente al de los represores, levantar nuestra voz ante los desmanes de la dictadura y otra es convertirnos en todo aquello que odiamos: represores de las ideas contrarias.
Acusamos a Juanes, Manu Chao, Miguel Bosé y todos los que apoyan el concierto de delincuentes, sucios, indecentes, imbéciles, farsantes, bárbaros, estúpidos, prostitutas, gentuza, rastreros, cochinos. ¿Es que nos hemos vuelto locos? ¿Realmente queremos que se escuche nuestra voz, la voz de los opositores a la dictadura cubana utilizando este tipo de insultos soeces?
Puede ser el carácter de los cubanos o los tantos años de enfrentamientos y de vivir pendientes del régimen represor de la isla, pero estamos repitiendo las mismas intolerancias que el sistema dictatorial cubano.
Puede ser el carácter de los cubanos o los tantos años de enfrentamientos y de vivir pendientes del régimen represor de la isla, pero estamos repitiendo las mismas intolerancias que el sistema dictatorial cubano.
¿Tan difícil es pedir al menos un poco de escepticismo ante las ideas de paz y los intentos de acercamiento entre dos ideologías? Ya sabemos que tenemos los exiliados muchos motivos de revancha, ganas indescriptibles de saldar cuentas con quien nos hizo esclavos e infelices. ¿Pero no somos en su mayoría cristianos? ¿No abogamos por el perdón, por el acercamiento entre los seres humanos y la idea de la tolerancia y la paz? ¿No creemos en el mejoramiento humano? ¿No nos hace más magnánimos utilizar las herramientas democráticas que tenemos en nuestros países de exilio?
Romper discos de Juanes será un acto de libertad, pero no evita el concierto ni trae más libertad a los cubanos de la isla. Estos argumentos son malas palabras para algunos, pero no se han mejorado países con revanchas sino con el entendimiento entre las partes para dar paso a algo mejor y superior. Ese es nuestro verdadero reto.



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