Una anécdota reciente sobre Barack Obama. Una compañera de estudios en Harvard del nuevo presidente de Estados Unidos le contó a un contertulio de La Brújula de Onda Cero Radio que había visto recientemente a “Barry” cuando ya había dado la vuelta al mundo su victoria. El presidente electo estuvo muy atento hablando de sus recuerdos universitarios.
–Bueno, Barry, y ahora cómo podremos comunicarnos cuando estés en la Casa Blanca.
–No podrás, amiga, no podrás.
El hecho es una evidencia de hasta qué punto el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica es un esclavo de su circunstancia. No puede usar correos electrónicos personales, no puede usar un teléfono móvil personal, no puede usar Internet en el despacho oval, sus conversaciones personales deben quedar grabadas como parte de su labor como presidente. No es paranoia. La tecnología actual permite ubicar geográficamente por satélite a una Blackberry o determinar la IP de un ordenador.
Pero no sólo tecnológicamente se debe a unas normas generales. Un presidente de los Estados Unidos, contrariamente a lo que parece haberse instaurado en la mente universal con los ocho años de mandato de Bush y no cayendo en absurdas teorías de transnacionales que gobiernan sus decisiones, está obligado a dar cuenta de todos sus actos, confirmar una y otra vez su próximo paso antes de efectuarlo y analizar meticulosamente cada decisión con un grupo de asesores que a veces se enfrentan entre ellos porque opiniones contrarias para solucionar los problemas.
Todos los deseos de Barack Obama, y por extensión de aquellos que creen en él, se verán ahora confrontados con una realidad que es independiente de los deseos de quien pretenda cambiar al mundo. Cerrar la Prisión de Guantánamo es un imperativo moral, pero habrá que ver dónde colocar a los prisioneros que allí se encuentran, que no son hermanitos de la Caridad por mucho que el progresismo mundial los haya convertido en centro de su defensa de los derechos civiles. Con el embargo a Cuba y la ayuda a la transición a Cuba pasa algo parecido.
No hay guerra entre dos si uno no quiere pero podemos dar la vuelta porque tampoco habría acuerdo, y la voluntad de Obama por levantar el embargo –si es que alguna vez lo decidiera, ya que no lo ha expresado públicamente– pasa por convencer a Castro II a sentarse a una mesa; y ya sabemos cómo se las gastan los Castro cuando oyen que les pueden quitar el argumento antiimperialista por excelencia: caen aviones en aguas internacionales con ciudadanos norteamericanos dentro.
Donde no se encontrará Obama renuencias es en el Senado propio si el gobierno cubano, libre de la dinastía castrista hace algo más que gestos por la libertad de los cubanos. Tiene Barack Obama el deseo y la intención con una referencia muy clara a las dictaduras en su toma de investidura:
–Bueno, Barry, y ahora cómo podremos comunicarnos cuando estés en la Casa Blanca.
–No podrás, amiga, no podrás.
El hecho es una evidencia de hasta qué punto el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica es un esclavo de su circunstancia. No puede usar correos electrónicos personales, no puede usar un teléfono móvil personal, no puede usar Internet en el despacho oval, sus conversaciones personales deben quedar grabadas como parte de su labor como presidente. No es paranoia. La tecnología actual permite ubicar geográficamente por satélite a una Blackberry o determinar la IP de un ordenador.
Pero no sólo tecnológicamente se debe a unas normas generales. Un presidente de los Estados Unidos, contrariamente a lo que parece haberse instaurado en la mente universal con los ocho años de mandato de Bush y no cayendo en absurdas teorías de transnacionales que gobiernan sus decisiones, está obligado a dar cuenta de todos sus actos, confirmar una y otra vez su próximo paso antes de efectuarlo y analizar meticulosamente cada decisión con un grupo de asesores que a veces se enfrentan entre ellos porque opiniones contrarias para solucionar los problemas.
Todos los deseos de Barack Obama, y por extensión de aquellos que creen en él, se verán ahora confrontados con una realidad que es independiente de los deseos de quien pretenda cambiar al mundo. Cerrar la Prisión de Guantánamo es un imperativo moral, pero habrá que ver dónde colocar a los prisioneros que allí se encuentran, que no son hermanitos de la Caridad por mucho que el progresismo mundial los haya convertido en centro de su defensa de los derechos civiles. Con el embargo a Cuba y la ayuda a la transición a Cuba pasa algo parecido.
No hay guerra entre dos si uno no quiere pero podemos dar la vuelta porque tampoco habría acuerdo, y la voluntad de Obama por levantar el embargo –si es que alguna vez lo decidiera, ya que no lo ha expresado públicamente– pasa por convencer a Castro II a sentarse a una mesa; y ya sabemos cómo se las gastan los Castro cuando oyen que les pueden quitar el argumento antiimperialista por excelencia: caen aviones en aguas internacionales con ciudadanos norteamericanos dentro.
Donde no se encontrará Obama renuencias es en el Senado propio si el gobierno cubano, libre de la dinastía castrista hace algo más que gestos por la libertad de los cubanos. Tiene Barack Obama el deseo y la intención con una referencia muy clara a las dictaduras en su toma de investidura:
“A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.”
Ha sido de su discurso de investidura. Un texto cargado de fuerza, firmeza. No ha hecho en él ni una sola concesión al terrorismo como se le acusaba tan a menudo.
“No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos.”
Más bien parece un discurso que podría firmar un presidente del partido republicano, lo que demuestra una vez más la grandeza de la nación norteamericana, que mueve sus objetivos exteriores por un libro de obligado cumplimiento para todos los presidentes.
Por eso no debemos creer en teorías conspiratorias de grupos de poder económico que obligan al presidente de los Estados Unidos, si no en la capacidad de una sociedad civil donde un presidente está sometido al poder de la opinión pública al punto que puede costarle la presidencia por espiar al partido de la oposición o por la felación de una becaria en la casa oval. Nadie está por encima de la ley, el presidente de los Estados Unidos tampoco. Tampoco lo estuvo Bush que se enfrentó a una situación peculiar, donde se exigía firmeza ante ataques en suelo americano y por ello se le recordará y por ello ha sido el presidente más votado de la historia de los Estados Unidos. No se cambia al Comandante en Jefe en medio de la guerra.
Sólo esperemos que Barry, aunque no pueda comunicarse con sus conocidos si logre mantener los pies en la calle. Es un imperativo que no parece dejar de la mano.



1 comentario:
Acaso Mr. Obama no demuestra arrogancia cuando le dice a los congresistas republicanos que dejen de escuchar a Rush Limbaugh? Acaso Mr. Obama no demuestra arrogancia cuando su discurso de Unidad parece significar que aquellos que no comparten su vision socialista o el deseo de rehacer America, deben adherirse a los principios del presidente?
"Estoy profundamente convencido de que las decepciones mas grandes nacen de enormes expectaciones",Vladimir Putin.
Saludos,
Alexander Hernandez (amigo anónimo)
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