Me preocupa bastante y sigo sin comprender del todo por qué un grupo de personas que gozan de las virtudes de la democracia se puede abrogar el derecho absoluto de la verdad sin dar opciones ni posibilidad, por mínima que sea, de discrepar de sus tesis aún cuando puedan ser discutibles desde varios puntos de vista.
A veces da miedo escucharlos gritando lo que creen como única verdad, oponiendo a todos los críticos como enemigos de la libertad, acusándolos de fachas góticos a los que encerrar en cordones sanitarios a medida o lamentando que no los fusilen o quemen sus libros sólo por el hecho de discrepar. Dos hechos recientes lo demuestran.
Rajendra Pachauri, el presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU nos ha enviado a los escépticos del cambio climático a mudarnos a otro planeta y como argumento sólido nos dice que todos los gobiernos del mundo aceptan las teorías de su grupo.
Un gran ejemplo de democracia y respeto al otro: si no crees te conviertes en Marciano, Jupiterino o extragaláctico, pero no cabes en mi mundo si mis ideas no te gustan, porque esos señores tan confiables y expertos que se llaman políticos no se atreven a dudar de ellas. Para los que no tienen miedo a romper los 9, 98 km/s de la gravedad terrestre recomiendo el magnífico documental Las mentiras del Cambio Climático de Martin Durkin y este artículo Una verdad incómoda y discutible donde expongo algunas ideas que no quiero repetir en este texto. La última de las sinrazones medioambientalistas es convertir a Google (ese monstruo de colmillos sangrientos y capitalistas que ha cambiado Internet y que se han enriquecido con nuestra complacencia) en el nuevo hombre del saco, el coco cubano que se lleva a los niños, que expulsa siete gramos de CO2 en cada dos búsquedas que hacemos en Internet. Es increíble pero hay quien tiene esto como única evidencia de una verdad incuestionable de fin del mundo.
Bien, dudar es un delito.
Pilar Rahola, excelente periodista y contertulia habitual del programa Julia en la Onda, de la cadena de radio Onda Cero, ha sido colocada en el punto de mira de la izquierda infalible y el nacionalismo incontestable. Se ha atrevido a decir, (¡delito donde los haya!) que Israel es una democracia que se defiende como puede de un grupo terrorista palestino. Pero ha dicho más, ¡oh horror de los horrores!, que los terroristas de Hamas utilizan a los ciudadanos civiles de su pueblo como escudos humanos para escandalizar al mundo. Pero ninguno de los contrarios –al menos yo no los he visto– a este argumento de Pilar ha expresado su desacuerdo y de paso defender que las pueda expresar libremente. No, por favor, quien defienda al “Estado terrorista y sionista” de Israel es, a su vez, un terrorista que merece morir. Sí, amenazas de muerte para un demócrata, alguien que con el uso de la razón, sin ideologías qué defender ni partidos a los que rendir disciplina, se coloca en el centro del análisis desprejuiciado y libre del mundo en qué vivimos.
Y es que no se puede siquiera dudar, cuestionar, hacer un comentario de escepticismo sin que se te lancen como hienas carroñeras. Estos dos o tres temas mundiales estarán algún día en un cuestionario para dividir fachas de progres del mundo Gran hermano al que aspiran estos “paladines de la libertad”:
-¿Está usted a favor de los israelíes o de los palestinos?
-¿Cree en el cambio climático o no?
-¿Es usted antiamericano o proyanqui?
-¿Cree en el Che Guevara como revolucionario o terrorista?
Y así hasta el infinito y más allá. No valdrá de mucho que se intente explicar que el mundo no es blanco o negro, que uno está a favor de las democracias y contra todo tipo de terrorismo o que sí cree en el calentamiento pero no en su origen antropogénico, que el gris es un color intermedio que se puede apreciar cuando la razón es independiente de ideologías, credos o religiones.
No, no servirá de mucho. Dudar es negar, contradecir es provocar. La única salvación es claudicar a su credo y vivir en paz con el mundo libre de sospechas de haberse vendido al capitalismo o mantenerse firme, no avanzar un centímetro en nuestra defensa del mundo real y quedar como ese facha que no somos o el mercenario al que pagan Estados y Transnacionales. Es una lástima, con lo bonito que era cuando defendíamos a los que pensaban y se expresaban diferente sólo por el placer de polemizar intelectualmente.
A veces da miedo escucharlos gritando lo que creen como única verdad, oponiendo a todos los críticos como enemigos de la libertad, acusándolos de fachas góticos a los que encerrar en cordones sanitarios a medida o lamentando que no los fusilen o quemen sus libros sólo por el hecho de discrepar. Dos hechos recientes lo demuestran.
Rajendra Pachauri, el presidente del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU nos ha enviado a los escépticos del cambio climático a mudarnos a otro planeta y como argumento sólido nos dice que todos los gobiernos del mundo aceptan las teorías de su grupo.
Un gran ejemplo de democracia y respeto al otro: si no crees te conviertes en Marciano, Jupiterino o extragaláctico, pero no cabes en mi mundo si mis ideas no te gustan, porque esos señores tan confiables y expertos que se llaman políticos no se atreven a dudar de ellas. Para los que no tienen miedo a romper los 9, 98 km/s de la gravedad terrestre recomiendo el magnífico documental Las mentiras del Cambio Climático de Martin Durkin y este artículo Una verdad incómoda y discutible donde expongo algunas ideas que no quiero repetir en este texto. La última de las sinrazones medioambientalistas es convertir a Google (ese monstruo de colmillos sangrientos y capitalistas que ha cambiado Internet y que se han enriquecido con nuestra complacencia) en el nuevo hombre del saco, el coco cubano que se lleva a los niños, que expulsa siete gramos de CO2 en cada dos búsquedas que hacemos en Internet. Es increíble pero hay quien tiene esto como única evidencia de una verdad incuestionable de fin del mundo.
Bien, dudar es un delito.
Pilar Rahola, excelente periodista y contertulia habitual del programa Julia en la Onda, de la cadena de radio Onda Cero, ha sido colocada en el punto de mira de la izquierda infalible y el nacionalismo incontestable. Se ha atrevido a decir, (¡delito donde los haya!) que Israel es una democracia que se defiende como puede de un grupo terrorista palestino. Pero ha dicho más, ¡oh horror de los horrores!, que los terroristas de Hamas utilizan a los ciudadanos civiles de su pueblo como escudos humanos para escandalizar al mundo. Pero ninguno de los contrarios –al menos yo no los he visto– a este argumento de Pilar ha expresado su desacuerdo y de paso defender que las pueda expresar libremente. No, por favor, quien defienda al “Estado terrorista y sionista” de Israel es, a su vez, un terrorista que merece morir. Sí, amenazas de muerte para un demócrata, alguien que con el uso de la razón, sin ideologías qué defender ni partidos a los que rendir disciplina, se coloca en el centro del análisis desprejuiciado y libre del mundo en qué vivimos.
Y es que no se puede siquiera dudar, cuestionar, hacer un comentario de escepticismo sin que se te lancen como hienas carroñeras. Estos dos o tres temas mundiales estarán algún día en un cuestionario para dividir fachas de progres del mundo Gran hermano al que aspiran estos “paladines de la libertad”:
-¿Está usted a favor de los israelíes o de los palestinos?
-¿Cree en el cambio climático o no?
-¿Es usted antiamericano o proyanqui?
-¿Cree en el Che Guevara como revolucionario o terrorista?
Y así hasta el infinito y más allá. No valdrá de mucho que se intente explicar que el mundo no es blanco o negro, que uno está a favor de las democracias y contra todo tipo de terrorismo o que sí cree en el calentamiento pero no en su origen antropogénico, que el gris es un color intermedio que se puede apreciar cuando la razón es independiente de ideologías, credos o religiones.
No, no servirá de mucho. Dudar es negar, contradecir es provocar. La única salvación es claudicar a su credo y vivir en paz con el mundo libre de sospechas de haberse vendido al capitalismo o mantenerse firme, no avanzar un centímetro en nuestra defensa del mundo real y quedar como ese facha que no somos o el mercenario al que pagan Estados y Transnacionales. Es una lástima, con lo bonito que era cuando defendíamos a los que pensaban y se expresaban diferente sólo por el placer de polemizar intelectualmente.



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