El ser humano es fantástico. Mi hijo Samuel se está convirtiendo para mí en una de las curiosidades más interesantes de lo que un ser humano es capaz de hacer para enfrentar o resguardar su mundo privado. Recientemente un psicólogo vinculado al sistema educacional español lo ha valorado por instancias de su madre y mía que estamos viendo detalles interesantes en su capacidad de aprendizaje. El especialista sólo ha podido sacar como conclusión de su análisis que mi hijo es normal.
Hasta aquí no hay nada extraño, pero les comento. Samuel tiene 3 años. Su primera reacción ante el psicólogo ha sido que no quería aceptar la invitación que le hizo porque quizás no tenía claro para qué ese hombre quería hablar con él. Desde ahí ha sido todo un despropósito: el nombre de mamá es Mamá, cuando en casa le dice hasta los apellidos, no se acordó en la entrevista de los días de la semana cuando en casa distingue hasta los fines de semana, no recordaba los números cuando ya está sumando y restando cifras pequeñas, los meses del año le eran desconocidos cuando ya se sabe los festivos anuales y los cumpleaños de sus más allegados, le ha dicho al psicólogo que su padre es albañil (un saludo y mis respetos para los albañiles pero si me atrevo a colocar un ladrillo se derrumba todo el edificio). Ha habido mucho más, pero todo por la misma tendencia: mi hijo de tres años le ha tomado el pelo al psicólogo, que además ha dado por bueno su análisis.
¿Por qué somos desde pequeños tan celosos con nuestro mundo privado? Mi hijo tiene una vida feliz, vive rodeado de sus abuelos que le dan mucha independencia incentivados por su madre, su capacidad de aprendizaje me descoloca a mí y a todos los que lo conocen. Sus razonamientos, las soluciones que encuentra para los obstáculos diarios, su capacidad de expresar todo aquello que le llama la atención lo ha escondido ante la mirada de quien consideró extraño. Aunque va psíquicamente dos años por delante de su edad biológica ha creido oportuno no demostrarlo. No sé si ha considerado que no quería ser un mono de feria o que darle argumentos al extraño era marcarse en un territorio que para él no era el adecuado. Lo realmente importante es que ha querido ocultar su verdadera naturaleza por algún motivo que se me escapa a mí, a su madre, y peor aún, al especialista destinado a identificarlo.
Aseguran las asociaciones de niños de alta capacidad, más del 98 por ciento de los niños superdotados que existen en España no están registrados en ningún sitio por las carencias de la educación española. De ellos el 95 % son identificados por sus padres y pasan inadvertidos para los especialistas del sistema de educación.
Un informe elaborado por el Centro de Investigación y Documentación Educativa del Ministerio de Educación español cifra en 300.000 el número de alumnos potenciales superdotados cuando las asociaciones de niños de altas capacidades aseguran que la administración no llega a reconocer a 2000. Un 70% tenía bajo rendimiento escolar y entre el 35% y un 50% tenía fracaso escolar, por no estar debidamente identificados, evaluados y atendidos.
Es interesante preguntarse por qué los niños cuya capacidad intelectual es menor que los de su edad son identificados, atendidos y ayudados por la administración para su mejor integración a la vida normal y aquellos que sobrepasan esta media intelectual y que podrían ser los punteros investigadores del futuro son medio marginados por la educación pública.
En España tener un niño con una capacidad intelectual por encima de la media de su edad es un problema, significa un añadido para sus padres, que deben amplificar sus responsabilidades como padres y convertirse en maestros y psicólogos infantiles, labor que no realiza el sistema educacional.
Lo que está claro es que hay tela por dónde cortar sobre este tema y volveré sobre él porque no quiero que mi hijo, ni nadie con iguales o parecidas características intelectuales, esconda su capacidad ante un especialista que no sabe identificarlo adecuadamente.
Hasta aquí no hay nada extraño, pero les comento. Samuel tiene 3 años. Su primera reacción ante el psicólogo ha sido que no quería aceptar la invitación que le hizo porque quizás no tenía claro para qué ese hombre quería hablar con él. Desde ahí ha sido todo un despropósito: el nombre de mamá es Mamá, cuando en casa le dice hasta los apellidos, no se acordó en la entrevista de los días de la semana cuando en casa distingue hasta los fines de semana, no recordaba los números cuando ya está sumando y restando cifras pequeñas, los meses del año le eran desconocidos cuando ya se sabe los festivos anuales y los cumpleaños de sus más allegados, le ha dicho al psicólogo que su padre es albañil (un saludo y mis respetos para los albañiles pero si me atrevo a colocar un ladrillo se derrumba todo el edificio). Ha habido mucho más, pero todo por la misma tendencia: mi hijo de tres años le ha tomado el pelo al psicólogo, que además ha dado por bueno su análisis.
¿Por qué somos desde pequeños tan celosos con nuestro mundo privado? Mi hijo tiene una vida feliz, vive rodeado de sus abuelos que le dan mucha independencia incentivados por su madre, su capacidad de aprendizaje me descoloca a mí y a todos los que lo conocen. Sus razonamientos, las soluciones que encuentra para los obstáculos diarios, su capacidad de expresar todo aquello que le llama la atención lo ha escondido ante la mirada de quien consideró extraño. Aunque va psíquicamente dos años por delante de su edad biológica ha creido oportuno no demostrarlo. No sé si ha considerado que no quería ser un mono de feria o que darle argumentos al extraño era marcarse en un territorio que para él no era el adecuado. Lo realmente importante es que ha querido ocultar su verdadera naturaleza por algún motivo que se me escapa a mí, a su madre, y peor aún, al especialista destinado a identificarlo.
Aseguran las asociaciones de niños de alta capacidad, más del 98 por ciento de los niños superdotados que existen en España no están registrados en ningún sitio por las carencias de la educación española. De ellos el 95 % son identificados por sus padres y pasan inadvertidos para los especialistas del sistema de educación.
Un informe elaborado por el Centro de Investigación y Documentación Educativa del Ministerio de Educación español cifra en 300.000 el número de alumnos potenciales superdotados cuando las asociaciones de niños de altas capacidades aseguran que la administración no llega a reconocer a 2000. Un 70% tenía bajo rendimiento escolar y entre el 35% y un 50% tenía fracaso escolar, por no estar debidamente identificados, evaluados y atendidos.
Es interesante preguntarse por qué los niños cuya capacidad intelectual es menor que los de su edad son identificados, atendidos y ayudados por la administración para su mejor integración a la vida normal y aquellos que sobrepasan esta media intelectual y que podrían ser los punteros investigadores del futuro son medio marginados por la educación pública.
En España tener un niño con una capacidad intelectual por encima de la media de su edad es un problema, significa un añadido para sus padres, que deben amplificar sus responsabilidades como padres y convertirse en maestros y psicólogos infantiles, labor que no realiza el sistema educacional.
Lo que está claro es que hay tela por dónde cortar sobre este tema y volveré sobre él porque no quiero que mi hijo, ni nadie con iguales o parecidas características intelectuales, esconda su capacidad ante un especialista que no sabe identificarlo adecuadamente.



6 comentarios:
Es curioso, hay especialistas en educación especial (que desde luego tienen todo el derecho) y no hay estudios ni especialistas en superdotación en este país de "progres".
Me parece una vergüenza, que padres y madres que tenemos hijos que sobresalen, estemos de peregrinación para buscar una orientación y alguien que nos puedan ayudar.
Los psicólogos del colegio (incluído profesores), no tienen ni la más mínima idea de cómo detectar altas capacidades y su desconociemiento e ignorancia, te hacen sentír cuando hablas con ellos, que tú eres una madre imbécil que cree (como todas), que su hijo es especial.
No hay formación en este campo y se atreven a no tener en cuenta ciertas capacidades y dotes y a no tomarte muy en serio.
Desde luego, desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos los padres que crean y observen que sus hijos van muy adelantados para su edad, (a uno o dos años por delante), que directamente, contacten con una asociación para altas capacidades y hablen con ellos.
Si estamos esperanzados a que nos ayuden en el colegio y el psicólogo de dicho centro, que como ya he dicho(no tienen ni idea), estamos perdidos.
Un ser humano fantástico
Querido Hector he leído un poco tarde tú artículo viernes 13 de marzo de 2009 Y no me sorprende ni tu estupor cómo padre ni tu defensa ante la necesidad de encontrar apoyo de las instituciones en el desarrollo de un niño cuyo coeficiente es más que alto para su edad, y mi aportación es que los padres se encuentran a diario en la tesitura por motivos iguales a los tuyos o totalmente contrarios: cuando un niño/a según baremo basado en la inteligencia no cumple el percentil adecuado a su edad y le ponen la etiqueta de inmaduro, el problema real es que cómo tú apuntas el niño de turno ante, un extraño, sea el mejor especialista reacciona como un niño/ niña y se niega en redondo a hacer las pruebas estándar que van a determinar en un par de horas su nivel comprensivo, pero para nada real ante una situación no cotidiana, en un entorno para el/ ella desconocido, pero cuya etiqueta puede pesar en su trato escolar, en su desarrollo frente a otros educadores, cuyo informe durante cinco años pondrá más trabas que ayuda real…En todas las clases de primaria de nuestro país, hay niños desmotivados, no valorados por otras cualificaciones, no intelectuales, simplemente como seres en primeras fases de desarrollo cuyas circunstancias personales pueden ser más determinantes que el propio coeficiente intelectual, distraídos, tímidos, imaginativos, divertidos…todos tienen un bajo nivel de rendimiento, ocupan el asiento trasero, o cambian de lugar constantemente por que interrumpen distraen, al resto de la clase. Si tienen suerte y uno de sus progenitores por lo menos está pendiente en casa, que haga la tarea que no ha realizado en clase, le explica los temas que no entiende veinte veces veinte y lo apoya y estimula para que esa carencia poco a poco vaya evolucionando a su favor y no en contra puede incluso ser un alumno NORMAL sino pasa a engrosar las cifras de fracaso escolar en un 90% de los casos ese es su estigma por las distintas clases y ciclos escolares, Esther Asencio, por una buena educación para cualquier coeficiente mental
Sr. Garcia: Por lo que se refiere a lo que puedo entender en su artículo, el suyo es otro de los casos en que los padres sobrevaloran las aptitudes de sus hijos. Cuénteme que toca el violín a los cuatro años, que soluciona ecuaciones de segundo grado a los seis o que habla tres idiomas a los cinco; los demás son las acostumbradas miradas hiperadmirativos de padres histéricos.
Sr. o Sra. Anónimo/a, en primer lugar, no tiene ni idea de lo que es una Alta capacidad, y en segundo lugar, como eso requiere estudiar y leer mucha bibliografía al respecto, ese trabajo que en mi caso tengo y hago, debería y corre por su cuenta antes de opinar. Para terminar, antes de llamar histérico a una persona que ni siquiera conoce, (que yo sepa), debería tener más vergüenza y educación al dirigirse hacia las personas, en este caso al Sr. Héctor García.
Sr anónimo: Usted no ha entendido muy bien el artículo, la situación va más allá de lo que sus neuronas le permitieron analizar. Solo quiero hacerle saber, que por que los padres se preocupen por el desarrollo psicomotor de sus hijos, que vean en ellos altas capacidades y por el mero hecho que no encuentren profesionales, que les puedan ayudar, sus comportamientos distan mucho que sean padres histéricos. No sea tan ignorante por favor……
Sr. Primer Anónimo: Le hemos caido varias personas "en pandilla". Pero es obvio si opina sobre algo que desconoce o no conoce del todo. Es absurdo que un niño de altas capacidades (suponiendo que las tenga) toque el violín o resuelva ecuaciones si nunca ha visto hacerlo. Primero estudie las capacidades de las que es capaz un niño de tres años y luego hablamos. Pero en fin, le remito al próximo artículo sobre el tema.
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