Vaya por delante que me gusta el estilo Obama. Este hombre sencillo que a veces parece ser un predicador y que se ha levantado contra todos los pronósticos para convertir un sueño de niño en el culmen de su carrera. Me gusta su proyección, su discurso y las medidas que ha tomado o que ha iniciado en sus escasos días de mandato: Orden de cerrar la prisión de Guantánamo, mediar telefónicamente con las partes enfrentadas en Gaza, firmar un decreto para que Estados Unidos respete la convención de Ginebra en lo concerniente a “retención, juicio, transferencia o liberación de detenidos” y prohibición de los métodos usados para sacar información a terroristas; sin eufemismos: la tortura.
Sin embargo me sorprende esta especie de obamanía sin reparos que se ha instaurado en la opinión pública mundial, en especial por aquellos que nunca han sentido la menor simpatía por la democracia más sólida del planeta. En parte es un alivio dejar de respirar el ambiente antiamericano por un tiempo.
Los políticos. No existe un solo líder de ningún partido socialdemócrata, liberal, democristiano, o de cualquier tendencia o ideología que no esté obnubilado por este hombre. Hasta Fidel Castro –o alguien que escribe por él– está alabando la honestidad del nuevo presidente mundial.
Hasta la prensa.
Epítetos del tipo: la Nueva Era, Llega el cambio, el comienzo del nuevo milenio, se repiten como rosquillas en todos los titulares mundiales.
Por favor, un poco de cordura.
Es cierto que la historia del mundo se divide en eras, etapas que se cierran por hechos históricos relevantes que cambiaron el mundo tal y como se conocía hasta ese momento.
La Prehistoria se dio inicio con la aparición del Hombre (género Homo) hasta el surgimiento de los primeros Estados (Egipto, Mesopotamia, India, China, civilizaciones más complejas que un grupo reunido por intereses comunes). Incluso esta era histórica se divide académicamente por etapas que marcan el uso de la piedra tallada o el metal.
La Historia Antigua sigue desde esta aparición de estos Estados complejos como nacimiento de la civilización hasta la Caída del imperio romano de occidente, presumiblemente en el 476. Este hecho marcó un cambio de las relaciones económicas y comerciales del mundo con el inicio de la Edad Media hasta el descubrimiento de América en 1492, que a su vez volvió a cambiar las relaciones comerciales y económicas dando origen a la era histórica moderna que a su vez termina con la revolución Francesa en 1789. La revolución francesa marcaría el último cambio (La Historia Contemporánea) y que llega hasta la actualidad.
En el caso de los historiadores de tendencia marxista, se usa la revolución rusa de 1917, es decir el inicio del comunismo como sistema socioeconómico mundial para marcar la historia contemporánea.
Existe un argumento sólido que argumenta el cambio de eras: la base productiva. Es decir, aquellos que mantienen el sistema, la base sobre la que se asienta el sistema, aquella clase social sobre la que recae el peso de la producción, es la que establece el cambio de sistema socioeconómico.
Ahora, es importante que nos fijemos en las fechas. Ningún investigador serio sería partícipe de vincular un cambio de era a una fecha concreta porque los hechos que cambiaron la historia, los que sentaron el inicio de una forma de vivir la historia, nunca han sido en años cerrados.
¿Es la llegada de un negro a la presidencia norteamericana un inicio de una nueva era? La respuesta es no, aunque quizás me apresuro cuando no lleva ni un mes en el mando. Si tuviésemos que escoger un hecho relevante, un evento que cambió el mundo, que nos ha hecho cambiar la visión de la historia, en lo que va de siglo o el anterior que sea posterior a la revolución rusa de 1917, quizás haya alguno que sea digno de mencionar.
Aporto dos: la caída del muro de Berlín en el 9 de noviembre de 1989 y el ataque terrorista a las torres Gemelas de 2001.
Recapacitemos sobre ellos.
El ataque a las torres gemelas provocó una respuesta casi unánime mundial contra el mundo islamista radical, incluso países del Medio o Cercano Oriente se unieron a Occidente contra los terroristas y dio origen a la infortunada Guerra de Irak que ha radicalizado aún más la brecha entre Occidente y el mundo radical islamista.
La caída del muro de Berlín fue el inicio del fin de la era comunista. El muro era el símbolo aparentemente inexpugnable de la fortaleza (al final de pies de barro) de un sistema que se desmoronó como un castillo de naipes. El comunismo, como sistema socioeconómico, desapareció paulatinamente de la escena mundial quedando apenas unos pocos países que van contra la marea incontenible de la historia. Occidente demostró una superioridad económica, política y social que dejó en evidencia las dictaduras comunistas. La correlación de fuerzas mundiales cambió por completo. Los antiguos países comunistas transitaron en mayor o menor medida hacia la democracia formando parte del bloque de lo que antes eran sus enemigos: Occidente. Surgió, o mejor, emergió desde la oscuridad un nuevo enemigo para la democracia occidental: el islamismo radical, que ya existía y había golpeado en varias oportunidades, pero su impacto estaba mediatizado por el empuje de la Guerra Fría. Su máximo momento histórico fue el 11 de septiembre de 2001 con el ataque a las torres gemelas.
Visto así, el propio 11 de septiembre y la elección de Obama son hechos importantes, trascendentes desde el punto de vista histórico pero quedan atenuados cuando se comparan con el gran hecho histórico que fue el hundimiento del comunismo. Aquellos son, en muy mayor medida, consecuencias de aquel que los posibilitó.
La llegada de un negro a la Casa Blanca es un hecho muy importante pero ni cambiará los cimientos de la historia mundial ni iniciará una nueva era. Obama es un presidente demócrata que tiene la mitad de sus genes diferentes al resto de los presidentes que han estado gobernando antes esa nación. Abre, eso sí, un período de afianzamiento de la democracia norteamericana al cerrar o al menos intentarlo, el capítulo de la segregación racial, dando un ejemplo qué seguir a los negros de esa nación y alejando las fobias absurdas al negro en gran parte de la población norteamericana.
Y reconociendo su importancia debemos ser objetivos al analizar el hecho histórico en su justa medida. Se pide un mínimo de prevención contra el poder, contra los políticos porque es la base de nuestra sociedad occidental. La progresía mundial se ha rendido a los encantos –que los tiene– de Barack Obama y han olvidado que es el presidente de la misma nación a la que acusan de la mayor parte de las guerras del siglo XX, la que critican por apoyar las dictaduras latinoamericanas de corte no comunista, la que para ellos falseó los datos de la llegada del hombre a la luna, tortura inocentes y asesina periodistas. Si Obama lograra cambiar esa mentalidad digna de una inteligencia fracasada que rige las actitudes de tantos yankófobos podríamos hablar del inicio de una indiscutible nueva era, pero me temo que Barack Obama es sólo un hombre, capaz, inteligente y lleno de ilusiones, pero sólo un hombre que navega en el mar de la Historia, que ya tiene una nueva era cuando un muro dejó de dividir una nación.
Sin embargo me sorprende esta especie de obamanía sin reparos que se ha instaurado en la opinión pública mundial, en especial por aquellos que nunca han sentido la menor simpatía por la democracia más sólida del planeta. En parte es un alivio dejar de respirar el ambiente antiamericano por un tiempo.
Los políticos. No existe un solo líder de ningún partido socialdemócrata, liberal, democristiano, o de cualquier tendencia o ideología que no esté obnubilado por este hombre. Hasta Fidel Castro –o alguien que escribe por él– está alabando la honestidad del nuevo presidente mundial.
Hasta la prensa.
Epítetos del tipo: la Nueva Era, Llega el cambio, el comienzo del nuevo milenio, se repiten como rosquillas en todos los titulares mundiales.
Por favor, un poco de cordura.
Es cierto que la historia del mundo se divide en eras, etapas que se cierran por hechos históricos relevantes que cambiaron el mundo tal y como se conocía hasta ese momento.
La Prehistoria se dio inicio con la aparición del Hombre (género Homo) hasta el surgimiento de los primeros Estados (Egipto, Mesopotamia, India, China, civilizaciones más complejas que un grupo reunido por intereses comunes). Incluso esta era histórica se divide académicamente por etapas que marcan el uso de la piedra tallada o el metal.
La Historia Antigua sigue desde esta aparición de estos Estados complejos como nacimiento de la civilización hasta la Caída del imperio romano de occidente, presumiblemente en el 476. Este hecho marcó un cambio de las relaciones económicas y comerciales del mundo con el inicio de la Edad Media hasta el descubrimiento de América en 1492, que a su vez volvió a cambiar las relaciones comerciales y económicas dando origen a la era histórica moderna que a su vez termina con la revolución Francesa en 1789. La revolución francesa marcaría el último cambio (La Historia Contemporánea) y que llega hasta la actualidad.
En el caso de los historiadores de tendencia marxista, se usa la revolución rusa de 1917, es decir el inicio del comunismo como sistema socioeconómico mundial para marcar la historia contemporánea.
Existe un argumento sólido que argumenta el cambio de eras: la base productiva. Es decir, aquellos que mantienen el sistema, la base sobre la que se asienta el sistema, aquella clase social sobre la que recae el peso de la producción, es la que establece el cambio de sistema socioeconómico.
Ahora, es importante que nos fijemos en las fechas. Ningún investigador serio sería partícipe de vincular un cambio de era a una fecha concreta porque los hechos que cambiaron la historia, los que sentaron el inicio de una forma de vivir la historia, nunca han sido en años cerrados.
¿Es la llegada de un negro a la presidencia norteamericana un inicio de una nueva era? La respuesta es no, aunque quizás me apresuro cuando no lleva ni un mes en el mando. Si tuviésemos que escoger un hecho relevante, un evento que cambió el mundo, que nos ha hecho cambiar la visión de la historia, en lo que va de siglo o el anterior que sea posterior a la revolución rusa de 1917, quizás haya alguno que sea digno de mencionar.
Aporto dos: la caída del muro de Berlín en el 9 de noviembre de 1989 y el ataque terrorista a las torres Gemelas de 2001.
Recapacitemos sobre ellos.
El ataque a las torres gemelas provocó una respuesta casi unánime mundial contra el mundo islamista radical, incluso países del Medio o Cercano Oriente se unieron a Occidente contra los terroristas y dio origen a la infortunada Guerra de Irak que ha radicalizado aún más la brecha entre Occidente y el mundo radical islamista.
La caída del muro de Berlín fue el inicio del fin de la era comunista. El muro era el símbolo aparentemente inexpugnable de la fortaleza (al final de pies de barro) de un sistema que se desmoronó como un castillo de naipes. El comunismo, como sistema socioeconómico, desapareció paulatinamente de la escena mundial quedando apenas unos pocos países que van contra la marea incontenible de la historia. Occidente demostró una superioridad económica, política y social que dejó en evidencia las dictaduras comunistas. La correlación de fuerzas mundiales cambió por completo. Los antiguos países comunistas transitaron en mayor o menor medida hacia la democracia formando parte del bloque de lo que antes eran sus enemigos: Occidente. Surgió, o mejor, emergió desde la oscuridad un nuevo enemigo para la democracia occidental: el islamismo radical, que ya existía y había golpeado en varias oportunidades, pero su impacto estaba mediatizado por el empuje de la Guerra Fría. Su máximo momento histórico fue el 11 de septiembre de 2001 con el ataque a las torres gemelas.
Visto así, el propio 11 de septiembre y la elección de Obama son hechos importantes, trascendentes desde el punto de vista histórico pero quedan atenuados cuando se comparan con el gran hecho histórico que fue el hundimiento del comunismo. Aquellos son, en muy mayor medida, consecuencias de aquel que los posibilitó.
La llegada de un negro a la Casa Blanca es un hecho muy importante pero ni cambiará los cimientos de la historia mundial ni iniciará una nueva era. Obama es un presidente demócrata que tiene la mitad de sus genes diferentes al resto de los presidentes que han estado gobernando antes esa nación. Abre, eso sí, un período de afianzamiento de la democracia norteamericana al cerrar o al menos intentarlo, el capítulo de la segregación racial, dando un ejemplo qué seguir a los negros de esa nación y alejando las fobias absurdas al negro en gran parte de la población norteamericana.
Y reconociendo su importancia debemos ser objetivos al analizar el hecho histórico en su justa medida. Se pide un mínimo de prevención contra el poder, contra los políticos porque es la base de nuestra sociedad occidental. La progresía mundial se ha rendido a los encantos –que los tiene– de Barack Obama y han olvidado que es el presidente de la misma nación a la que acusan de la mayor parte de las guerras del siglo XX, la que critican por apoyar las dictaduras latinoamericanas de corte no comunista, la que para ellos falseó los datos de la llegada del hombre a la luna, tortura inocentes y asesina periodistas. Si Obama lograra cambiar esa mentalidad digna de una inteligencia fracasada que rige las actitudes de tantos yankófobos podríamos hablar del inicio de una indiscutible nueva era, pero me temo que Barack Obama es sólo un hombre, capaz, inteligente y lleno de ilusiones, pero sólo un hombre que navega en el mar de la Historia, que ya tiene una nueva era cuando un muro dejó de dividir una nación.



3 comentarios:
Acaso Mr.Obama no demuestra arrogancia cuando le dice a los congresistas republicanos que dejen de escuchar a Rush Limbaugh? Acaso Mr. Obama no demuestra arrogancia cuando su discurso de unidad al parecer significa que aquellos disidentes de su visión socialista, deben adherirse a los principios del presidente? Acaso Mr. Obama no demuestra arrogancia cuando rehúsa responder a una pregunta que hacia referencia a su contradictorio o hipócrita nombramiento de un oficial con respecto a una de las promesas que Mr. Obama hizo en la campana presidencial, sin embargo en el mismo contexto responde placenteramente a triviales "inquisiciones"?
En fin,"Estoy profundamente convencido de que las decepciones mas grandes nacen de grandes expectaciones", Vladimir Putin.
Saludos,
Alexander Hernandez (amigo anónimo)
Parece bastante lógico el tema de la arrogancia de Obama, pero Putin no es precisamente el mejor argumento para criticar la arrogancia de un político. Un saludo
Ricardo, aprecio tu comentario.
En cuanto a mi uso de la frase de Putin, es como la siguiente oferta: si compras este par de zapatos, puedes adquirir otro par a mitad de precio o gratis.
Saludos,
Alexander Hernandez
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