jueves, 15 de enero de 2009

Restos del pasado

De vuelta con el tema de la justicia y sus virtudes y defectos recuerdo un compañero de estudios de la Universidad de La Habana que estuvo a punto de entrar en prisión por tener dólares en sus bolsillos en el año 1992. Tenía sus negocios ocultos con esta moneda, que entonces era ilegal en la isla, y le dio por pasar por una tienda en la que se vendía únicamente en esa moneda y cometió el grave delito de pedir a un extranjero que le comprara jabón y desodorante pues no encontraba en ningún otro sitio de la isla que en esas tiendas o en el mercado negro. La policía le habrá visto algo sospechoso y lo detuvo con el verde delito en sus bolsillos. Salió bien parado porque le acusaron de desorden público y pagó una multa de unos pocos pesos cubanos. La posesión de dólares le hubiera acarreado añitos a la sombra. El destino de los dólares que le quitaron nunca lo supo y no le importaba pero el policía que llenó sus datos en la máquina de escribir los puso a buen recaudo en su gaveta y por arte de birlibirloque los habrá convertido en aire, como si no existieran; si no había oficialmente delito de posesión tampoco habría dólares. Eso sería tema para otro artículo sobre las virtudes de la policía comunista (“policía, policía, tú eres mi amigo”).

El tema me aborda luego de leer una noticia sobre la solicitud de anulación de Eleuterio Sánchez (El Lute), el más famoso delincuente español, de su condena por robo en el año 1965. No es un tema baladí.

Este hombre fue el azote de las fuerzas de seguridad franquista con sus espectaculares fugas luego de varios robos menores y sin armas, según cuenta en sus diferentes libros autobiográficos. Él ya no está en prisión, evidentemente, pero su historia penal no está limpia. Digamos que fue absuelto por el Consejo de ministros español pero su delito por robo siempre saldrá como una mancha cuando necesite antecedentes penales.

El tema es que su condena fue ejecutada por un tribunal castrense cuando su delito era civil, y además considera que fue un juicio sumarísimo sin garantías legales para él, que fue considerado culpable sin posibilidad real de defensa desde el primer minuto de su detención.

La realidad es que tiene cierta razón. El problema aquí es la ley por la que lo solicita más que su problema personal. Eleuterio Sánchez se ampara en la ley de memoria histórica para que se reconozca su derecho a la revisión de una condena dictada y ejecutada por una dictadura. Es triste que la actualidad, el presente, nuestro día a día todavía se vea afectado por leyes franquistas. No es único. Hay leyes y estamentos que no han cambiado desde el franquismo y por el cual aún nos regimos en España, pero es un pacto de Estado aceptado por todos los grupos políticos durante la transición y ahora nadie se atreve a tocarlo.

Se debería hacer algo con este tema. Nada es inmutable, ya lo he dicho más de una vez en este blog y si vale la pena que la historia de un hombre al que el hambre empujó al delito quede limpio de polvo y paja pues bien merece que revisemos el pasado. Pero ¡ojo, con mucho cuidado! No vaya a ser que en lugar de una revisión tengamos un ajuste de cuentas.

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